dissabte, 26 de novembre de 2016

Maestros de la poesía vol.5

TRILCE
XXXIV


Se acabó el extraño, con quien, tarde
la noche, regresabas parla y parla.
Ya no habrá quien me aguarde,
dispuesto mi lugar, bueno lo malo.

Se acabó la calurosa tarde;
tu gran bahía y tu clamor; la charla
con tu madre acabada
que nos brindaba un té lleno de tarde.

Se acabó todo al fin: las vacaciones,
tu obediencia de pechos, tu manera 
de pedirme que no me vaya fuera.

Y se acabó el diminutivo, para
mi mayoría en el dolor sin fin
y nuestro haber nacido así sin causa.






POEMAS EN PROSA
EL BUEN SENTIDO


Hay, madre, un sitio en el mundo que se llama París. 
Un sitio muy grande y lejano y otra vez grande.

Mi madre me ajusta el cuello del abrigo, no porque
empieza a nevar, sino para que empiece a nevar.

La mujer de mi padre está enamorada de mí, viniendo
y avanzando de espaldas a mi nacimiento y de pecho
a mi muerte. Que soy dos veces suyo: por el adiós y por
el regreso. La cierro, al retornar. Por eso me dieran tánto
sus ojos, justa de mí, in fraganti de mí, aconteciéndose
por obras terminadas, por pactos consumados.

Mi madre está confesa de mí, nombrada de mí. ¿Cómo
no da otro tanto a mis otros hermanos? A Víctor, por
ejemplo, el mayor, que es tan viejo ya, que las gentes
dicen: ¡Parece hermano menor de su madre! ¡Fuere porque
yo he viajado mucho! ¡Fuere porque yo he vivido más!

Mi madre acuerda carta de principio colorante a mis
relatos de regreso. Ante mi vida de regreso, recordando
que viajé durante dos corazones por su vientre, se ruboriza
y se queda mortalmente lívida, cuando digo, en el 
tratado del alma: Aquella noche fui dichoso. Pero, más
se pone triste; más se pusiera triste.

-Hijo, ¡cómo estás viejo!

Y desfila por el color amarillo a llorar, porque me
halla envejecido, en la hoja de espada, en la desembocadura
de mi rostro. Llora de mí, se entristece de mí.
¿Qué falta hará mi mocedad, si siempre seré su hijo?
¿Por qué las madres se duelen de hallar envejecidos a sus
hijos, si jamás la edad de ellos alcanzará a la de ellas?
¿Y por qué, si los hijos, cuanto más se acaban, más se
aproximan a los padres? ¡Mi madre llora por que estoy
viejo de mi tiempo y porque nunca llegaré a envejecer 
del suyo!

Mi adiós partió de un punto de su ser, más externo
que el punto de su ser al que retorno. Soy, a causa del
excesivo plazo de mi vuelta, más el hombre ante mi madre
que el hijo ante mi madre. Allí reside el candor que hoy
nos alumbra con tres llamas. Le digo entonces hasta que
me callo:

-Hay, madre, en el mundo un sitio que se llama
París. Un sitio muy grande y muy lejano y otra vez 
grande.

La mujer de mi padre, al oírme, almuerza y sus ojos
mortales descienden suavemente por mis brazos.




CÉSAR VALLEJO  (1892-1938)


4 comentaris:

  1. Gracias, Alex. Me encanta Vallejo tan sutil y arrebatador. Trilce es un poemario excelente. Lo buscaré para releerlo un poco. Una joya de su audacia escritora.
    Buen fin de semana, poeta. ¡Salud!

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  2. de nada. a mí me costó mucho leer Trilce, es muy complejo, aquí como puedes ver he transcrito el poema más sencillo quizás de todo el poemario. fue un reto, y sus poemas en prosa, extraordinarios. un besazo compañera

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  3. Un gran cuasi olvidado, pero inmenso, como por sus versos es evidente.

    Un beso

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    Respostes
    1. inmenso, sí, por momentos inabarcable. otro beso para ti

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