dissabte, 14 de maig de 2016

Ocaso






Caminaron por la senda bajo la ecléctica red que formaban las ramas entrelazadas de los pinos, pisando la mullida alfombra que ofrecían los resecos manojos de agujas caídos al suelo. El camino estaba plagado de excursionistas, siendo un domingo embutido en mitad de un largo puente, pero la falta de intimidad era un precio razonable a pagar a cambio de la belleza del paisaje. Llegaron a la primera gorga, la más grande del itinerario, y ante la muchedumbre que se bañaba o se hacía fotos en la orilla decidieron buscar la siguiente, más pequeña, más escondida, a la que se llegaba tras un tramo de ligera cuesta abajo. Se bañaron en el agua gélida, sacaron buenas fotos, la luz le daba al agua unos tonos verde azulados dignos de la paleta de un pintor experto, y cuando el Sol desapareció detrás del muro por el que fluía la corriente de  agua se vistieron, se rozaron distraídamente los labios y reemprendieron la caminata con el cuerpo aún tonificado por el chapuzón. Se bañaron en las tres gorgas que encontraron, a pesar del frío que hacía cuando el Sol se ocultaba, y bien entrada la tarde volvieron a encontrarse en el camino que llevaba al albergue. Somnolientos, con las piernas pesadas, con el cuerpo acribillado por las agujas de la sangre desperezada, se cogieron de la mano, se sonrieron, volvieron a juntar los labios, y ella rodeó la cintura de él con su fino brazo cargado de pulseras. Medio kilómetro antes de llegar al albergue había un mirador con vistas al valle, por allí se ponía el Sol todas las tardes, y esa tarde la puesta de Sol era naranja, como una bombona de butano, como una naranja de Valencia, como un chaleco reflectante...se sentaron en un banco y la miraron embobados, sin mediar palabra, sus lenguas estaban perezosas y resecas y no querían participar del momento, de aquel colofón colorista a una tarde bien aprovechada. Ella simplemente posó la cabeza en el hombro de él y suspiró, y así se quedaron hasta que el Sol se zambulló en el horizonte. No pensaban en nada, habían conseguido un momento perfecto y, vaya...todos sabemos lo caro que va eso.





Pintura cedida por CLOTILDE ROMÁN


Registrado en Safe Creatives, número de código 1604137218025.
Licencia Creative Commons de Reconocimiento.



4 comentaris:

  1. Como ya te comenté en facebook, me encanta leerte. Tus relatos siempre tienen su original embeleso. Hoy, con esta pareja, me has hecho disfrutar de esa ruta turística, que quizá, los protagonistas estaban más pendiente de su deseo de explorarse, que del paisaje. Éste, creo adivinar que, más bien fue un cómplice encantado de servir de amorosa excusa...
    Feliz domingo y semana.

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    1. hasta tus comentarios tienen música, Clarisa. mil gracias por tus palabras y tu seguimiento

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  2. Un placer de recorrido, porque nos llevas de la mano por un paisaje vivo.

    Un beso

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    1. realmente me entusiasma q a la gente le guste este cuento. un beso de vuelta

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