dissabte, 1 d’agost de 2015

destellos







Ha sido terrible, ha sido tan y tan triste...estoy baldado, destrozado, como si cinco boxeadores me hubieran estado maltratando como a un saco. Jamás había sido tan duro subir las escaleras hasta la puerta de mi piso, hoy peso el doble, el triple, soy una bola de plomo. Cuando era más joven los rehuía, los funerales, cometí faltas que no serán perdonadas nunca por el resto de familiares, esos familiares que lo eran sólo de nombre y que hoy me pagaron con la misma moneda. Mi madre me ayudaba a escapar de aquellas ceremonias insufribles, de aquellas manifestaciones impúdicas de dolor, tanto más me protegía porque sabía que mi dolor iba a ser impersonal, como si al protegerme estuviera más bien escondiendo mi falta de apego por el que estaba dentro de la caja. Y no era nada personal, no era una falta de apego nacida del desamor, era una falta de apego nacida pura y simplemente del distanciamiento, de la ausencia de trato, y siempre, entre mi madre y yo, elborábamos alguna excusa para que no tuviera que hacer acto de presencia en ningún funeral. Hoy me lo devolvieron, ha sido una ceremonia muy íntima, ya sólo quedamos el núcleo duro, los lazos de sangre puros y duros, la sangre consanguínea en el entierro de una huérfana. Mi madre deseaba acompañarme a casa, pero le he dicho que no a través de las lágrimas que empañaban mis ojos y de las lágrimas que empañaban el borde del paraguas, le he dicho que no me acompañara, que necesitaba estar solo, solo con mi dolor y con mi soledad, ni que fuese al menos durante la noche. Abro la puerta de mi piso y nadie sale a recibirme, ella no está...se ha llevado sus desvelos, su amor, sus atenciones, sus dolorosas sesiones, mi corazón entero, me ha arrancado la vida, el piso está vacío. Antes de desvestirme lloro al borde de nuestra cama, lloro de una manera contenida, una manera de llorar que ni aún perdiendo la mitad de mi alma consigue desbordarse...las lágrimas cesan, se convierten en una costra encerando mis mejillas, la casa está en silencio...no quiero mirar fotos, ni emborracharme mirándolas, por mucho que beba no voy a despertarme junto a ella, lo único que conseguiría sería tener una buena resaca, una resaca inútil, gratuita, suicida...oigo unos ruidos detrás de la puerta, como un roce, sé que viene a consolarme, gata, gatita, ven a consolarme...es negra como un tizón, y tiene los ojos amarillos y fieros y dulces; se sienta en mi regazo y me lame la mano, durante una fracción de segundo olvido mi pena. La miro a los ojos y creo reconocer en ellos la comprensión, el consuelo, creo percibir incluso algo más, creo reconocer en ellos destellos parecidos a los que iluminaban los ojos de quien me ha dejado sin alma.




Ilustración de OROPIS


Posdata: el relato es triste de cojones, además hoy por hoy no me define en absoluto, pero ya que mi amigo me hizo el dibujo no iba a hacerle el feo de no publicarlo. Feliz agosto a quien tenga vacaciones, nos leemos...


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3 comentaris:

  1. Voy a hurgar más bajo la falda del blog... sip

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  2. Sí, es triste, pero no tanto como algunas realidades... je, bueno tampoco quiero yo quitarte tus ficciones. Me gusta tu manera de relatar...
    Un abrazo.

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