dimarts, 24 de juny de 2014

Vargas y Font, acción poética vol.3


Las luces de la ciudad
punteaban la noche,
unían la avenida
como hilos de cobre.

De unos cetros afrutados
llovían copos de nieve,
y mi aliento se elevaba
hacia las nubes solemnes.

El recuerdo del día
aparecía aquí y allá,
reflejado en los
escaparates,
en los charcos sucios,
en alguna mirada,
pero las nubes insistían
en camuflar el dolor
como una inmensa manta,
congestionando el aire
como su corazón estaba.

Artista del ayuno,
ahíto de carencias
el artista vagaba,
escudriñándole la bohemia
a las calles que andaba,
hasta el único bar abierto,
en cuya barra se acodaban
tres amores somnolientos,
tres jerarcas de la noche
y seis pintores ciegos.

Al fondo del pasillo,
tras la puerta,
ella se preparaba ante el
espejo,
la respiración acompasada,
el carmín,
el sonrojo trepándole por la
cara…

…el bullicio del bar
presagiaba
una noche larga como un
cometa,
se dijo resignada,
pero apagó su sonrojo
abriendo la puerta,
moviendo las caderas,
cimbreando su cuerpo
como una mantarraya…

…así era ella, superestrella,
y su imagen sacudió
el corazón del poeta.

El torbellino de caricias
duró
apenas unas pocas lunas;
ella terminaría ante el
espejo,
camuflando las arrugas.
Él sigue vagando las calles,
siguiendo los hilos de cobre
que las enlazan, persiguiendo
el último verso
de un destino que no alcanza.







Poema a cuatro manos escrito por +Alejandro Vargas Sánchez y por +Isolda Font
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Todos los derechos del texto reservados.




dilluns, 16 de juny de 2014

Vargas y Font, acción poética vol.2


El chiquillo lloraba y lloraba
en la calle desierta…
ni un alma, ni el viento aparecía
cuando lo llamabas.
Sólo se oían murmullos
de escombros,
y golpes pesados
al cerrarse las puertas.

En algún lugar
una flor se marchita,
y se desata una estampida;
el torbellino llega al pueblo
y abre todos los candados,
y el miedo que tiene
secuestrada a la vida.

Enredado en el viento
llega un alud de otoño
rojo,
naranja, ocre y dorado,
del que emerge una bruja
de cuento,
con sus botas y su gato.

El niño la observa
sorprendido y extasiado,
ya no recuerda el hambre,
ni el furor de los portazos.

La bruja abre los brazos
y el niño los usa de cuna,
durmiéndose al instante,
recostado en la Luna,
soñando con el nácar
de planetas extraviados.

Ya en la choza,
ante el agua que burbujea,
la bruja en el espejo
se va deshojando…
para mostrar al niño,
su faz verdadera,
la faz de una madre
que a la muerte ha burlado.





Poema a cuatro manos escrito por +Alejandro Vargas Sánchez y por +Isolda Font 
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diumenge, 8 de juny de 2014

poemas en clave de tuit vol.6

Busqué tu rostro en la fiesta, en un carnaval ebrio de carne. Vestías de egipcia, túnica de seda, diadema dorada, cabello azabache. Blanca como el lino, blanca como el hielo, nada ni nadie podía ensuciarte. Pero el diablo vino, te dijo unas frases, y al infierno supongo debió llevarte.








Avanzas hacia mí a gatas por la cama, y el espejo refleja tu bella grupa alzada. Difícil describir qué siento, con tus pechos en mi torso, al contacto de tus pezones, que cortan el diamante. Imposible describir la piel de mi antebrazo, ante tus besos mojados, erizada y reaccionando. Y el espejo devuelve tus curvas apagadas, te has multiplicado, tal si fueras dos amantes. Y mi lengua recorre la gruta entre tus piernas, y mi mano dibuja el meridiano de tus nalgas. Y el espejo nos acoge, el espejo nos absuelve, desdoblados en la tenue luz que nos envuelve. Pero yo te prefiero a ti, la que tengo entre mis brazos; la que tiene medio rostro bañado por la Luna. La que mueve su cuerpo al compás de mis abrazos.








Surgiste de la nada y me atrapaste sin remedio. Nunca vi tu cara hasta el día del encuentro. Desde entonces me acompaña el olor del miedo; pero quizás no sea miedo, se parece más al vértigo. No hay que abrir las puertas al primero que llama, porque nunca se sabe quién se apropia de tu cama. Resignada y temerosa, voy calculando el precio, el precio a pagar por haberme puesto en medio…por estas horas robadas a la hiel de mi fracaso, porque tú a mí no me engañas, porque sé que estás de paso. Tendré que disfrutar de lo único que tengo; de la estación fantasma, de este último enredo…de los besos insinceros con sabor a miedo.








El paissatge des d’aquella esglèsia enrunada era com tret d’un conte de fades. L’escletxa deixava veure la Lluna plena, esbargint guspires als rínxols de l’aigua. I agafats de la mà callàvem tots dos, ja que aquella imatge emmudïa les paraules. Els nostres ulls bruns es trobaren, i les nines obscures cremaven, plenes com la Lluna rodona que ens  embolcallava…i què estrany, amic meu, que no arribéssis a besar-me…però el temps ha passat, com sempre ho ha fet, i d’aquells instants nomès queda la imatge. El temps governa, destrueix i renova, les runes del cos i les runes de l’ànima.







El paisaje desde aquella iglesia derruida era como sacado de un cuento de hadas. La fisura dejaba ver la Luna llena, esparciendo chispas en los rizos del agua. Y cogidos de la mano callábamos ambos, ante aquella imagen sobraban las palabras. Nuestros ojos marrones chocaron, y las pupilas oscuras quemaban, llenas como la Luna redonda que nos contemplaba…y qué extraño, amigo mío, que no llegases a besarme…pero el tiempo ha pasado, como siempre lo ha hecho, y de aquellos instantes sólo queda la imagen. El tiempo gobierna, destruye i renueva, las ruinas del cuerpo y las ruinas del alma.

Posdata: una poesía en catalán, para mis amigos catalanes de la Red, y la traducción (libre) al castellano para los que no lo son. Un abrazo enorme!!


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dijous, 5 de juny de 2014

Canalizadores, de Guillermo Garrido

Hace tiempo que en este espacio no dedicamos algunas líneas a la poesía y, avisados los amantes del género, llegó el momento. En el caso de hoy hablaremos de Canalizadores, de Guillermo Garrido, el joven escritor gallego del que tanto se habla en los corrillos literarios.

A tal caso, antes de entrar de lleno en la obra, cabe preguntarnos si no hay en España un pequeño y módico boom de la poesía encabezada por creadores jóvenes y talentosos (véase Luna Miguel y la generación JotDown que, sin duda, también encabeza Garrido).

Canalizadores es una compilación de poemas muy personales que, en boca del escritor, es una “búsqueda implícita de la imagen perfecta del poema, deconstruyendo, para ello, su lírica partiendo desde formas casi clásicas y estáticas”. Lo cual, más alla del formalismo, no es errado.

Es genuina la búsqueda que hace Garrido de una elegancia y perfección formal dentro de un esquema de imágenes superpuestas que remiten, sin embargo, a la sencillez fluida del lenguaje y por otro lado la completa misión de transmitir los sentimientos más profundos. Es, por tanto, imposible no relacionar la métrica (en sentido clásico del término) con un aporte moderno (diríamos, generacional). A la búsqueda simbólica de las imágenes, Garrido aporta una relación más libre con la forma: deudor de una generación nacida al calor del fotolog, blog, Twitter o Facebook, Canalizadores, como un puzle de fotos que se descargan, ofrece al lector imágenes reconocibles. Imágenes potentes, como fotos que pasan a una velocidad digital pero sin perder el sentido último de la captura: dejarnos llevar por postales a espacios donde sentirnos identificados.

En este sentido, la obra de Garrido es claramente vanguardista: frases cortas, contundentes, desestimación del barroquismo, poemas que pueden recitarse en un escenario o ponerle música. Es, por decirlo de alguna manera, una poesía muy narrativa.