divendres, 23 de maig de 2014

Vargas y Font, acción poética vol.1

Había quedado en la noche un murmullo de lana, para dejarle a la mañana una Luna con resaca. Una Luna que moría reflejada en la charca, despedida por el rudo canto de las ranas. Era el reflejo el recuerdo de un alma, que fue despedazada al llegar el alba. Y las ranas preguntaban, “¿de quién eres reflejo?”, y la Luna callaba por respeto al muerto…hasta que llegó a la charca el aroma que ayer paseaba en su barca el casi difunto…aroma de traiciones, aroma de secretos, de los viejos vicios que pudren el mundo.







El capitán se alzaba en la proa, a darle pan, y el Mar lleno de espuma rugía, rechazando las breves migajas…cómo domar al indomable ser, que aullaba de rabia, que ensombrecía el agua…cómo escapar a su frío odio, a su brazo airado, a su sed de venganza. Al capitán no le quedaba más que devorar su barca, empezando por la cubierta, terminando por sus entrañas. Negar su tesoro al Mar, al amor de su vida, ser náufrago o tritón, y ganar la partida.








Por mi calle solía pasar un mendigo, la barba enredada, el aire perdido. En las manos un gorrión, en la mirada el silencio de una vida acumulada entre ideas y proyectos, esperanzas y bocetos, diluidos y licuados en cartones de vino. Pero el gorrión respira, su cuerpo diminuto se sacude, y el mendigo intenta una sonrisa…flor de estepa, instante robado, lucidez concisa...un aroma dulzón se apodera del aire, el gorrión tirita, amor a la vida que sale volando mientras su amigo se disuelve, abandonado, en la indolente luz de los neones urbanos.






Poemas a cuatro manos escritos por +Alejandro Vargas Sánchez y por +Isolda Font 
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dissabte, 3 de maig de 2014

poemas en clave de tuit vol.5

Cruzaba aquel bosque, subido en mi caballo, con los músculos cansados y la mente en blanco. Los copos de nieve presagiaban el manto, a ratos me creía joven, joven y lozano. Tuve que fijar mis ojos, en aquella pared helada, para ver lo cansados que estaban mis párpados.






No es una historia, es una metáfora. De cuando pasé, con los pies molidos, bajo tu ventana; de las risas y del tintineo de las copas de vino, del leve entrechocar de los cubiertos de plata. De los lazos forzados, con canciones y gritos, de aquella reunión con aroma a farsa. Y quién iba a decirme, cuando era un divo, que acabaría en la calle, congelado de frío.








El amanecer era esplendoroso, un arco iris chafado convertido en un todo. Del Mar venía una brisa helada, que aliviaba con su frío el dolor de mi piel quemada. Amor al Mar, carne abrasada. En un gesto alucinado, extendí brazo y mano…y eso fue lo que hallé. Absolutamente nada.







Fue un niño viejo, y luego un viejo niño. Madurando a lomos de libros descoloridos. Quiso recobrar su infancia, en el caos de lo perdido; raro consuelo, el pasar inadvertido. Y ahora llena su tiempo, buscando un sinsentido; las horas mueren, aliviando su vacío. Los rostros queridos se van alejando, derivas de sueños con luz concebidos. ¿Te pesa tu suerte? Degusta su hastío. Para siempre, un anciano, y del amor, proscrito.


La belleza de aquel día perduró en mi memoria. Con el valle a nuestros pies, era una victoria. Caminos y árboles convertidos en juguetes, ni rastro de tristeza, ni de cielos deprimentes. Hilos de telarañas, reluciendo como plata, enredando nuestro pelo, inquietando nuestras almas. Las lenguas de luz que el Sol mandaba se escolaban por las ramas, creando claroscuros en el suelo polvoriento, dándole al polvo la ilusión de que brillaba. Tantos poetas han cantado todo esto, y es que todo arte es Naturaleza…sólo faltaba una cosa, para llegar al cielo, y era poseerte entre tanta belleza…procedí con disimulo, con besitos de hermano, y entonces mi mano te agarró una teta…cuál no sería, la magnitud de mi sorpresa, al recibir el bofetón, y la mirada aviesa; “Algo sospechaba, pero tenlo por seguro, no pienso clavarme, ortigas en el culo”. Creo que nunca te quise tanto, mi niñita rebelde, como cuando mis deseos oscuros, chocaron contra ese muro.







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