dissabte, 22 de març de 2014

poemas en clave de tuit vol.4

No quiero adaptarme al entorno, sino que el entorno se adapte a mí. Inviable, en cualquier modo; luchar contra molinos, escupir al aire, llevar la contraria al foro. El que no sabe elegir, lo acaba queriendo todo. Con lo fácil que sería adaptarme a ti, y olvidar este mundo odioso.


No es ajeno al olor que emana; un olor sucio, estancado, de ropas ajadas. Imagina qué dirán, sus amigos del pueblo; para ellos será como ver un muerto; pero siendo ya tarde, no hay nadie despierto; ni gente, ni voces, ni abrazos de hielo. La hierba obstinada va quebrando el cemento, se oyen chasquidos, roturas, vacíos lamentos. La piedra se rompe, podrida por dentro, llenando de pena el corazón del viajero. No hay bienvenida, no hay nadie despierto…la última esperanza muere, justo al doblar la esquina…la plaza está vacía, y la Iglesia está en ruinas.








Media vida nadando y morir en la orilla. Media palabra y habría caído a tus pies. A media voz te habría contado, la secuencia de mi vida; de cómo traté de huir, de este mundo del revés. De cómo te veía en sueños, con los ojos cerrados, debajo de mi cuerpo, medio muerta de placer.








Aquel paisaje nunca me dejó indiferente. Despertaba deseos en mi fantasiosa mente. El humo venéreo, las manchas de aceite, el esqueleto nervudo de los tubos de acero. Mirada al frente, aire guerrero, cuarto creciente, lo demás son restos, ¿y quién busca la belleza en lo feo…? Optimismo obcecado, ceguera demente, no es posible endulzar lo que es deprimente. Para justificar el error, mi mente creaba, para olvidar tu olor, mi boca cantaba…y tira adelante, que menos es nada; hay silos de recuerdos, humor irreverente, océanos de hierro y poesía decadente.







No sabes lo que daría, por tenerte a mi vera. Vendería a mi madre en un zoco. Pondría a mi anciano padre, a trabajar en una cantera. Quemaría mis escritos en la mayor de las hogueras. Todo por verte enamorada, sonriendo al viento, deslizándote con clase, siguiendo mi estela.






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dimarts, 11 de març de 2014

Historia estúpida de la Literatura, Enrique Gallud

“Luego de un breve repaso por el historial de reseñas publicadas, comprendo que no hemos recomendado ninguno es un libro de humor. Y eso está mal y la mejor forma de subsanarlo es leyendo Historia estúpida de la literatura, de Enrique Gallud Jardiel.  Humor con mayúsculas. De modo que, como comprenderá el exquisito lector, comenzar a reseñar Historia estúpida de la literatura es algo que disfruté enormemente, tanto o más de lo que disfruté leyéndolo.
Un dato a tener en cuenta: aquel fantástico escritor de principios del siglo XX, una de esas joyas de la literatura española llamado Enrique Jardiel Poncela dejó descendencia y una de esas líneas del ADN, cargada de talento, humor y erudición, fue a parar hasta su nieto Enrique Gallud Jardiel, un tipo que leyó tanto que un día comprendió que si uno es capaz de leer gran parte de la Literatura Universal termina muerto de risa.
Es decir, se tomó la literatura muy en serio (publicó más de treinta libros, es Doctor en Filología Hispánica Cum Laudem, dio clases en la Universidad Jawaharlal Nehru de la India donde, por otro lado, ha vivido y es, como si fuera poco, especialista en indología, imparte talleres de interpretación, ha dirigido tesis…). Con este inconmensurable currículo, Enrique Gallud Jardiel termina escribiendo un libro cuyo nombre, Historia estúpida de la literatura no es más que una heterogénea recopilación de artículos y poemas de índole burlesca sobre literatura, sobre la Gran Literatura.
Formado por múltiples géneros cómicos, versos imitativos, falsas reseñas de libros, textos apócrifos, parodias teatrales, burla de las técnicas de los talleres de escritura y otras muchos estilos sorprendentes, Historia estúpida de la literatura es una chifladura absolutamente genial.”