divendres, 8 de novembre de 2013

tindersticks

Ayer asistí en la sala BARTS a la actuación de un grupo veterano y muy original, en el marco del 45 Festival Internacional de Jazz de Barcelona. El ambiente era muy variado; se puede pensar que por ser un grupo veterano y que participa en el festival de jazz el público estaba formado exclusivamente por amantes del jazz, y no era así. A raíz de una divertida confusión con la numeración de las entradas, mucha gente primeriza en la sala era incapaz de encontrar las butacas impares, conversé un poco con dos chicas sentadas a mi espalda, que me explicaron que eran habituales de los conciertos del Apolo y que acabaron encantadas con un concierto tan largo y con la calidad musical que derrocharon los Tindersticks en la noche de Halloween. También había guiris, parejas jóvenes, artistas potenciales, gafapastas (cómo no) y gente mayor, algo muy normal dado el estilo musical del grupo. Una auténtica amalgama de oídos selectos dispuesta a presenciar una (presunta) noche de jazz.








Pero ponerles etiquetas a grupos así es realmente una tarea difícil y poco práctica, porque decir que los Tindersticks tocan jazz, o soul blanco, o pop electrónico o, ya puestos, música clásica, es una manera de acercarse a definir ese sonido tan especial que los caracteriza, pero estaríamos lejos de una clasificación enteramente satisfactoria. Los Tindersticks son los Tindersticks, suenan a sí mismos, con algo que he visto calificado como romanticismo negro melancolizando toda su música. La voz del cantante contribuye mucho a ese halo romántico, una voz grave y muy potente, no daba más de sí el equipo de música de la sala cuando el hombre se decidía realmente a “levantar la voz”. Los Tindersticks tienen ese sonido propio que sólo consiguen alcanzar unos pocos grupos, cada uno en su estilo, como Radiohead, la Jon Spencer Blues Explosion o los Red Hot de la primera época.

Un krooner de toda la vida, una voz con una personalidad tremenda, y con la curiosa cualidad de que puede ser descrita, y miren lo difícil que resulta describir una voz, pero es que es prácticamente un “plagio” de la voz de uno de nuestros cantantes más famosos; es la voz de Miguel Bosé traducida al inglés, aunque más potente, más de tenor. Un krooner sin mucho ego aparente, la antítesis de los Sinatra y los Presley, los tiempos cambian, tuve la sensación de estar delante de una panda de músicos honrados y currantes que no tienen más pretensión que la de ganarse la vida con su estilo personalísimo y un tanto pasado de moda. Y digo panda porque son una panda, es ciertamente consecuente que su música sea densa y complicada. Llegué a contar hasta diez músicos sobre el escenario entre violín, violoncelo, piano y similares, saxofón, trompeta, guitarras, batería, cantante, xilófono (sí, sí, hasta un xilófono trajeron) y, cómo iba a faltar, una cantante negra para hacer los coros y cantar a dúo una de las últimas canciones del concierto, “Sometimes it Hurts”, de su disco de 2003 “Waiting for the Moon”. También digo currantes porque son artistas que se lo han currado, es un grupo que lleva veinte años exactos sobre los escenarios; desde su primer disco “Tindersticks” hasta el último, “The Something Rain”, ése es el tiempo que ha pasado, exactamente dos décadas. Fue el de ayer el típico concierto de lanzamiento de disco, tocaron prácticamente todos sus nuevos temas y, hacia el final, la que en mi opinión es la mejor canción del disco, “Show Me Everything”.

Pero claro, en un concierto de dos horas y cuarto (unos currantes, desde luego), tras una primera parte de canciones lentas que no presagiaba nada bueno, les dio tiempo para cantar canciones de discos anteriores, y no sólo del “Waiting for the Moon”, un auténtico discazo que he repasado a fondo antes del concierto; llegué a reconocer una canción del 93, ya ha llovido, y la apertura del “Curtains”, su disco del 97. Nunca he ido a un concierto perfecto, éste se acercó pero tampoco lo fue, y qué se le va a hacer, la vida no es perfecta, y los conciertos tampoco. Digo esto porque no tocaron mi tema preferido, “Let’s Pretend”, del “Curtains”, una canción que encontré de relleno en una cinta de Calexico que me había grabado mi hermano, y que sirvió de banda sonora a cierto viaje que hice en coche por una isla…y es que la música es así, es una excusa perfecta para evocar recuerdos, y más si se trata de los Tindersticks, cuyo estilo parece haber sido creado para convertirse directamente en un recuerdo, en un placentero y añejo recuerdo. Nada más, encantado con escribir estas pequeñas crónicas, me voy a mi habitación a ver si consigo arrancarle unas notas a mi gramófono. Hasta luego.







Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada