dissabte, 29 de juny de 2013

django

Ayer fui al cine con un amigo a ver una de las películas de moda, “Django Desencadenado”. En ella se pueden apreciar todas las constantes del cine de Quentin Tarantino: violencia desenfrenada, humor negro y humor absurdo entremezclados, grandes canciones (incluso algún tema sorpresa de hip-hop, haciendo un guiño al gran elenco de actores negros que pueblan la película), y actores en estado de gracia, como Christopher Waltz, Leonardo Di Caprio o Samuel L. Jackson.







Hay grandes momentos de humor en la película, como la escena de los encapuchados del Klan, cuyas capuchas no les dejan ver por dónde cabalgan, o la elección del primer traje, un modelo de marinerito o de niño pijo de la época con un lacito delirante, por parte del recién liberado Django. Muy Tarantino este tipo de humor negro, los que hayan visto “Reservoir Dogs” recordarán la escena de la oreja-micrófono, cómo olvidarla…






Pero el tema de este post no es sólo “Django”, película de la que ya se habrá hablado miles de veces en la red, ni es el cine de Tarantino y sus grandezas y miserias. Me gustaría hablar también del género del western y de la violencia que es inherente a él. Porque “Django”…“Django” tiene momentos de auténtico gore, baños de sangre y escenas que pueden herir a los espectadores más sensibles. Aunque no creo que sea una apología de la violencia por parte de Tarantino, no exactamente; desde luego que trata la violencia como si fuera un espectáculo, pero también podría ser que con esas imágenes tan crudas quiera impactar al espectador, para que se de cuenta de lo terrible de la historia que se está contando y de lo terribles que eran las condiciones de vida de los esclavos africanos en las plantaciones de los estados del Sur.


No estoy de acuerdo con esa concepción del cine; superar ciertos límites de gore me parece peligroso, porque de aquí a un tiempo podría pasar que ya nada impactase en una pantalla de cine. Qué diferencia con otro western como “Sin Perdón”, el último western  de Clint Eastwood, en el que la violencia estaba más dosificada. Y es que claro, el western…el western es el sheriff, los bandidos, la justicia, la venganza…los temas y los argumentos se repiten bastante…igual en “Django”, que en “Sin Perdón”, que en otro western mítico, “Grupo Salvaje”, de Peckinpah, la venganza es el desencadenante de la trama, porque es algo que siempre emociona al espectador, el ver castigadas las injusticias. Eso Clint Eastwood lo hizo como nadie en “Sin Perdón”, siempre ha sido un director muy hábil para ganarse la empatía y despertar las emociones del espectador, aparte de ser un maestro en el arte de huir de los personajes planos, es decir, en sus películas no hay buenos y malos, sino personajes de una extrema ambigüedad.


Esa ambigüedad también aparece en “Grupo Salvaje”; a última hora los bandidos deciden vengar al compañero que está siendo torturado por el general Mapache, demostrando algo que ya se venía insinuando durante la película: que aún les quedaba algún vestigio de honradez dentro, la suficiente para morir de una manera algo más digna de la que han vivido.








La concepción de la violencia en un western como “Sin Perdón” es algo diferente que en otros filmes como “Django”, “Grupo Salvaje” o “Funny Games”, película esta última que no es un western, pero que llegó a irritarme bastante por lo gratuito de sus escenas violentas y lo banal de su argumento. Pero claro, siendo los westerns como son, sin la explosión de violencia final (digna de ver la de “Grupo Salvaje”, por todo lo que se arrastra durante la película), quizás quedarían algo cojos.


“Sin Perdón” es sin duda mi western favorito de todos los tiempos, el último combate del personaje del pistolero que Eastwood se forjó durante tantos y tantos años. Es muy recomendable, un peliculón como una catedral, me consideraría más que pagado por haber escrito este post si la gente que lo leyese viera esta película, seguro que me lo agradecerían. Aunque ya tengo suficiente con el placer de escribirlo y de ser leído. Un abrazo, hasta otra.