divendres, 19 d’abril de 2013

succionado

Salí del trabajo a eso de las cinco, habiendo acabado unos encargos que corrían mucha prisa a dirección, y me dediqué a leer el periódico en un bar mientras esperaba a que abriese el videoclub. Para mí era como un trabajo, como un pluriempleo, la válvula de escape a mi rutina diaria, el cine era el centro de mi vida. Trabajaba en una empresa de distribución de DVDS y me tragaba de dos a tres películas diarias, supongo que ni en un rodaje hubiera estado tan metido en el cine como lo estaba por aquella época…con el objetivo del día bajo el brazo, un estreno de ciencia-ficción por el que no ponía la mano en el fuego, caminé como si me estuvieran arrastrando hasta la puerta de mi casa. Comí una tarrina de arroz a la cubana que me había sobrado del día anterior, me duché y me puse a ver la película. Obsesionado como estaba con el cine, acabé pensando que aquel bodrio infumable poseía cierto encanto grotesco, y anoté mentalmente la posibilidad de verla otra vez treinta o cuarenta años más tarde, siempre que el director diera una rueda de prensa explicando a qué coño venía aquello o pidiendo disculpas por todo el asunto…me fumé mi cigarrillo diario tirado en el sofá, escuchando música, ¿les parecerá una vida muy sencilla, verdad? Un tipo sencillo, apasionado del cine, agradable, amigo de sus amigos…bueno, lo primero es que no contaba con demasiados amigos, la gente del trabajo me respetaba pero no solía invitarme a sus casas…y lo segundo es que no era un tipo sencillo, por el amor de Dios, ¿ustedes saben lo que cuesta hacer una película? La sencillez es otra cosa, la sencillez es el campo, el ejercicio, la comida, hacerse pajas debajo de la ducha, pero no el arte, el arte no tiene nada de sencillo…ni sé cuántos meses llevaba en aquel plan, películas y más películas, intentaba llenar el vacío que había dejado Elena en la casa pero no había forma humana de llenarlo. Notaba como iba soltando el lastre de la realidad y no me importaba lo más mínimo, la realidad era una mierda, lo que salía en pantalla era mucho más real que lo real…fue aquel día, todavía indignado a causa de la película que había alquilado, cuando empecé a ver “American Beauty”. Risas, llanto, intriga, escándalo, romanticismo, crítica social, lo tenía todo, me gustaba tanto que la veía al menos una vez al año…fue aquel día, cerca del final, justo en el momento en que Annette Bening corría a su casa con la pistola en el bolso, cuando supe que iba a suceder algo especial, algo diferente, porque ella me miró, me miró a mí directamente, no a la cámara, me miró a mí, sacó la pistola de su bolso y disparó…noté el dolor punzante en mi columna vertebral, me llevé la mano al pecho y cuando la miré estaba manchada de sangre…y poco a poco me fui disolviendo, por eso estoy escribiendo esto en pasado, poco a poco me fui disolviendo y mi cuerpo disuelto fue atraído por las ondas magnéticas de mi televisión…desde ese día vivo en la pantalla, salto de película en película, me he convertido en un héroe de ficción, y me parece una vida mucho más coherente que la que llevaba antes, cuando lo presenciaba todo desde el otro lado de la pantalla.




 
 
 
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3 comentaris:

  1. Genial!!! que me ha gustado mucho tu relato.
    No solo te regreso la visita, sino que te incluyo en mi lista para leerte seguido.
    Cuando quieras compartir alguno de tus poemas mi ventana virtual está a tu orden.

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