divendres, 8 de febrer de 2013

Jon Spencer

Ha vuelto el rock star, aunque no lo haya hecho por la puerta grande, aunque lo haya hecho en una sala mediana como la sala Apolo. Una sala que prácticamente se llenó para ver a la Jon Spencer Blues Explosion, un grupo incombustible, que volvió a deleitar al personal con su show lleno de energía y de fuerza. Los adjetivos se agotan para describir lo visto ayer, pero todos irían en la misma dirección: fue un show visceral, animal, bestial, brutal, sin concesiones…el grupo tocó algunos temas de su último disco, “Meat and Bones”, pero también se permitió ofrecernos un popurrí de viejos temas del “Plastic Fang”, del “Acme” y del “Orange”, saltando de uno a otro y mostrando a cada minuto su talento y su oficio. Y qué se puede decir del cantante, de ese descendiente directo de los Elvis y de los Cash, que tocó la guitarra, cantó con su voz personalísima y aún se permitió el lujo de hacer poses y piruetas al ritmo de la música. Un derroche de energía que acabó soltando enormes goterones de sudor sobre el escenario, una lección de entrega del primer al último minuto. Estoy seguro de haber estado delante de un hombre que morirá sobre el escenario, con las botas puestas, delante de un mito que seguramente no llegará a serlo de las masas, pero que lleva el rock and roll en la sangre. Porque lo de ayer era rock and roll, no se dejen engañar por el blues que forma parte del nombre de la banda, lo de ayer era rock and roll auténtico, del de siempre, ruidoso, sucio y garajero, ideal para descargar un poco de adrenalina. Los que asistimos lo gozamos, unos más que otros, en un ambiente relajado y muy variado, había desde jóvenes al borde del coma etílico hasta rockeros de la vieja escuela entrados en años, y muchas barbas y muchas gafas de pasta, y muchas ganas de pasarlo bien. Una mención para los teloneros, Tokyo Sex Destruction, que llegaron por sorpresa pero estuvieron a la altura de la situación, no debe ser fácil telonear a semejantes animales. Bueno, pues eso es todo, espero que les guste esta pequeña crónica, una de las faenas más agradecidas que vaya a hacer en mi vida.







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